Homenaje en recuerdo del señor Riyāŷ Ṭaṭarī, Abū Islām

Homenaje en recuerdo del señor Riyāŷ Ṭaṭarī, Abū Islām

En el nombre de Dios, el Más Misericordioso, el Dispensador de Gracia

La alabanza es debida por entero a Dios, y la paz y las bendiciones sean con el mensajero de Dios, Muḥammad.

Las palabras que dedico a mi estimado hermano Riyāŷ Ṭaṭarī, a quien todos hemos conocido como Abū Islām, reflejan un sentimiento que expreso con honra, pues creo que fue una distinguida e irrepetible persona, cuyas nobles características raramente se suelen repetir en la gente, y creo que Dios lo favoreció con numerosas virtudes que irradiaban belleza; virtudes que cuando se presentan en cierta persona confieren una semblanza sublime y ensalzada, que cuando la gente trata con ella, termina por amarla.

Nosotros como musulmanes no tenemos el derecho de santificar en nombre de Dios a nadie, y no procuramos con este elogio realizar tal cosa. Abū Islām era un ser humano, que acertaba, aunque también se equivocaba. No obstante, rememoramos que al menos siempre se esforzaba por mantenerse en la senda de la corrección y la verdad.

Su labor en la enseñanza del islam y la defensa de los derechos de los musulmanes comenzó desde el año 1970, en la ciudad de Granada. Era en aquel momento un joven apasionado, diligente y con grandes ambiciones relativas al servicio social. Era un amante de las obras de caridad que respetaba a la gente de bien; pero supongo que la peculiaridad que lo distinguió en aquella época de sus semejantes podría resumirse en su amor por la lengua española, al extremo de memorizar la traducción al castellano de varios capítulos del bendito Corán.

Tras abandonar Granada, se trasladó a Oviedo y Santander, donde, en compañía de sus hermanos, todos ellos estudiantes universitarios, establecieron las bases de la labor islámica en el país, siendo su dedicación principal el desarrollo cultural y religioso de sus compañeros.

El Ministerio de Justicia del Gobierno de España solicitó a finales de la década de los setenta un representante de los musulmanes en las reuniones celebradas en el Departamento de Asuntos Religiosos, así que tuvo que dejar Oviedo y se quedó a residir en Madrid para asumir esta responsabilidad. Desde esa nueva condición, se preocupó por trasmitir al resto de la comunidad musulmana las directrices del Gobierno de España relativas a los musulmanes y la condición de la libertad religiosa de las diferentes minorías.

Abū Islām siempre comprendió la importancia del reconocimiento del islam como religión y el derecho de los musulmanes a ser representados, puesto que el islam suponía la segunda religión en el Estado por el número de fieles. Entendía que los musulmanes eran una parte de la sociedad española, y por eso insistía en el valor de la convivencia, no en la simple integración impuesta. Además, creía profundamente en la libertad religiosa como un derecho indiscutible, ya que “no cabe coacción en religión”, como afirma el Corán. Defendía que la libertad religiosa era una consecuencia de la libertad individual y el respeto hacia la naturaleza del ser humano; y por tanto, reclamaba que el Estado debía velar por ella.

Los continuos encuentros y negociaciones con el Gobierno, tras mucha dedicación y arduo sacrificio, condujeron a una importante consecuencia: el reconocimiento de la religión islámica en España y la obtención de un decreto relativo a los derechos religiosos básicos de los musulmanes.

En la década de los años ochenta, la Asociación Musulmana y el Centro Islámico eran los representantes fundamentales en todo el territorio español, así que se acordó la creación de un comité de coordinación para abarcar todos los centros islámicos en España. La Asociación Musulmana logró organizar la representación de las asociaciones islámicas bajo una sola institución, cuyo resultado fue la creación de este Consejo Consultivo que estamos celebrando en este día, y cuyo primer presidente fue nuestro hermano Riyāŷ Ṭaṭarī, que Dios lo tenga en su misericordia. Después, tras varias y largas sesiones, se fundó la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE).

Así pues, mi hermano Abū Islām, que Dios lo tenga en su misericordia, siempre estuvo comprometido, en la vanguardia con otras más personas, en el logro de esta gran meta.

Con respecto a sus cualidades personales, me gustaría recordar de forma resumida dos puntos:

1- Era una persona caracterizada por la indulgencia y la templanza; dos virtudes amadas por el mensajero de Dios Muḥammad, la paz y las bendiciones sean con él, tal como se recoge en varias narraciones auténticas.

Abū Islām era muy condescendiente e indulgente, pues su corazón albergaba tanto a los allegados como a los críticos que no estaban de acuerdo con él. Procuraba no enfadarse para evitar ofender a su interlocutor; y mantenía un tono de voz calmado que no lastimase al oyente. Por otro lado, su carácter templado se manifestaba en todas las labores que asumía, pues no se precipitaba en la toma de decisiones, sino que reflexionaba en las posibles consecuencias de cualquier acto.

Solo por mencionar una anécdota, recuerdo que fui testigo de cómo un hermano ofendió a Abū Islām de forma muy grave. Tras el incidente, le dije como reproche: «Hermano, ¿por qué no has respondido ante su ofensa?».  Me contestó: «Soy incapaz de devolver una ofensa; no es algo propio de mi carácter o educación. Ante estas situaciones solo procuro mantenerme en silencio».

2- Su abnegada dedicación al trabajo social y religioso, definido por:

- Encontrar un acuerdo conciliador, ya que era el lema de su acción, pues solo mediante la consulta y el diálogo se podían solidarizar los corazones, aunar los esfuerzos y regular las labores realizadas.

- Sabía con quién iba a tratar y cómo debía hacerlo. Era capaz de reconocer al sincero en sus propósitos y solía descubrir al presuntuoso. Sin embargo, incluso ante el farsante, evitaba herir sus sentimientos y solo se limitaba a ofrecer consejo.

- Respetaba con sincera modestia a todas las personas con las que se relacionaba. Era alguien leal, especialmente con quienes lo trataron de forma fraternal.

- Era una persona dotada, gracias a Dios, de una gran memoria y una inteligente perspicacia; habilidades que le permitieron realizar sus actividades con excelencia.

- Era una persona muy organizada en su trabajo. Guardaba y archivaba todos los documentos y los informes administrativos necesarios de forma adecuada, lo que permitía y facilitaba al resto de hermanos recurrir a él para consultar cualquier duda administrativa.

- Por último, debemos reconocer que sus numerosas obligaciones le impedían en ciertas ocasiones cumplir con algunas de ellas.

He presentado este breve resumen sobre el trabajo y la personalidad del hermano Riyāŷ Ṭaṭarī, Abū Islām, porque fue uno de los primeros hermanos que desarrollaron y establecieron la labor religiosa, cultural y social del islam en España. Su generación tuvo que empezar esta labor desde cero, y por ese motivo, considero que fue una gran gesta que solo sabrán valorar en su totalidad aquellos que la presenciaron. Creo que la segunda y tercera generación, y todas las nuevas generaciones musulmanas de España, deben estimar y guardar en el recuerdo este meritorio esfuerzo. Abū Islām fue un gran hombre, un verdadero ejemplo, y sin duda, un referente singular en el ámbito de la actividad islámica.

Los que actúan en el entorno islámico, tanto en labores religiosas, sociales, como administrativas, suelen recibir bastantes críticas, además de ser tildados de negligencia por no poder cumplir con todas sus responsabilidades, como si lo único que importara fuera el hecho de exponer los errores. Sin embargo, creo que es necesario recordar siempre los aspectos positivos de las personas, y así hacemos con Abū Islām, pues la mayor parte de su obra está caracterizada por el bien. Y también lo hacemos como un acto de reconocimiento a una distinguida personalidad islámica, que con plena dedicación y sacrificado esfuerzo, desde su juventud hasta su muerte y reunión son su soberano Dios, dejó una gran huella en el establecimiento de la labor religiosa, cultural y social del islam en este país.

Su repentina marcha fue una triste conmoción que nos sorprendió a todos. La voluntad de Dios prevalece no obstante sobre todas las cosas, y como decreta el Corán: “Todo ser humano probará la muerte”.

Estimado hermano Abū Islām, ruego a Dios que te acoja en su misericordia, que bendiga tus buenas obras y que perdone tus errores o descuidos. Ruego a Dios que nos reúna contigo en la Otra Vida bajo el cuidado de Su compasión.

Dios nuestro, no nos prohíbas tras su muerte el beneficio de su bien y ayúdanos a no caer en el desconcierto de la confusión. Perdónanos, oh Dios, y perdónalo. Reconforta con el bien a sus familiares, allegados y hermanos, porque solo Tú todo lo oyes y Tú eres el único que atiende la imploración de los suplicantes.

Homenaje expuesto por el Consejo Consultivo de la UCIDE (Unión de Comunidades Islámica de España)

Presidente del Consejo: Muhammad Majed Khadem El-Arbaeen

En Madrid, el 5 de julio de 2020

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Article | by Dr. Radut